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©2016 BY JULIANSANZ TEAM. 

RAAM 2009 DNF

6 Oct 2010

Todo terminó en el hospital de Manga Pass (La Jara), sin opción a volver a la bicicleta y con todas las energías aún por consumir a lo largo de Estados Unidos. Tras sólo setenta y dos horas de carrera y unos 1.500 Km., aún quedaba Nuevo México,Texas, ver pasar el Mississippi y la verde Maryland, y sin embargo el intestino no soportó las dosis extra de hidratos de carbono que ingerí en los tres primeros días de competición.

Mi batalla personal comenzaba ahí donde yo finalizaba la prueba. La lucha entre mi cuerpo resentido y mi cabeza  lúcida y saludable, todavía con suficiente voluntad para continuar, contrastaban con la mirada ausente a través de la ventanilla del vehículo que me condenaba a llegar a meta, retirado definitivamente de la carrera. La contradicción minaba mi pensamiento y de algún modo sentí el contagio desde el laberinto de mis entrañas hacia los recovecos de mi cerebro. Lucha entre cuerpo y mente cuya rendición me parecía imposible. Paradoja que desembocaba en profunda rabia y en irreversible impotencia.

En mi memoria, la imagen del equipo enmudecido transformando el vehículo de apoyo en un coche convencional, desnudándolo, arrancando de sus puertas mi dorsal 355, despegando la publicidad, desmontando el sistema de navegación, la megafonía y todo aquello que nos había vinculado de algún modo a la competición. En mi piel, la  sensación de intemperie, de abandono, de naufragio en un mar de dudas.

Necesitaba con urgencia entender que ya no podría seguir adelante, peleaba por comprenderlo, buscaba una aceptación sanadora que calmara la vorágine de mis pensamientos poco reparadores. La mente, absorta en sus propias elucubraciones, terca y obstinada, parecía huir. Pero la realidad era evidente: el problema físico existía, relegándome a las cuatro paredes del cuarto de baño donde me retorciera de dolor. Sangre y mierda. Lágrimas ahogadas. Energía atascada que hubiera liberado a cabezazos contra la pared. Pero como si de un paralelismo se tratase, encontraba en aquel  intenso dolor mi propia medicina. El sufrimiento para el que había sido entrenado sólo tenía ahora este lamentable escenario. Quería convivir con el dolor y éste era su único contexto. Por eso me reparaba. Su intensidad apaciguaba mi espíritu. Era mi opción más natural: seguir sufriendo; al fin y al cabo para eso había llegado hasta América, no para viajar metido en una furgoneta viendo pasar ante mis ojos la ruta por la que debía estar compitiendo.

Un incómodo compañero de viaje se instaló entre nosotros durante el último viaje. El camino hacia la meta, sin haber completado la Race Across América, vino acompañado por el silencio. Silencio e impotencia. Rabia y duelo.  Desde el espejo retrovisor me asomaba a los rostros de mis compañeros de equipo y leía en sus miradas la búsqueda de responsabilidades individuales y colectivas. Ya no se percibía ni siquiera el ruido del motor del vehículo. El silencio, denso y cruel, anulaba cualquier otro sonido y nos arrrastraba hacia la estricta evaluación de lo sucedido. Pasaban por nuestros pensamientos las decisiones tomadas, las soluciones, los problemas añadidos, los errores, las consecuencias, los daños ocasionados. Todos tuvimos que tomar alguna decisión en algún momento, pero la solución al grave problema no estaba en manos de nadie, fue forjándose hora tras hora,  sin apenas mediar palabra, tras un planteamiento erróneo en mis dosis de alimentos. La voz de la conciencia había enmudecido y se había cargado de culpas. Todos y cada uno de nosotros pensábamos al unísono pero calladamente. Creíamos estar preparados para afrontar dificultades y superarlas, pensábamos saber que cualquier error podría salvarse con un poco de paciencia,  pero asimilar el abandono conlleva siempre una infinita duda: la de  imaginar que de algún otro modo podría haberse solucionado.

 

Sin lugar a dudas el silencio no es nuestro estilo. El mutismo no podía acompañarnos mucho más tiempo. Somos un equipo vital, alegre, ruidoso, dispuesto a la cordialidad y al entendimiento. La tensión máxima había pasado ya y no cabía prolongar el desánimo. La carretera comenzó a devolvernos el sonido del motor y del rozamiento de las ruedas sobre el asfalto. Volvimos a prestar atención a la música y nuestros monosílabos empezaron a alargarse. Ahora empiezo a percibir de un modo diferente las distancias. Las últimas millas sobre mi bicicleta fueron la antesala de la convalecencia y en ese momento, tras una noche en el hospital, habíamos perdido el seguimiento de la prueba. Nuestro interés era llegar a cabeza de carrera para observar la lucha mantenida entre Jure Robic, cuatro veces ganador y Dani Wyss ,ganador en 2006, por alcanzar la primera posición. Nosotros viajábamos en furgoneta a 60 millas por hora y nos separaban unas 400 millas de Jure Robic,  que viajaba a unas 14 millas por hora. Nos costaría llegar a su la altura. Cualquier parada para hacer compras, comer, descansar o dormir nos situaba otra vez a 400 millas.Compruebas que cada minuto que te detienes, ellos ruedan y ruedan sin descanso. Me encuentro en la otra parte, viendo desde otra perspectiva lo que se vive en carrera. Tomo nota. Lo contrasto con mi papel de corredor. Sobre la bici y en carrera estás concentrado y haces lo que tienes que hacer, pedalear, poco a poco, sin un pensamiento global del reto, sino con una actiud inherente a la actividad, que no es otra que la dar pedales y analizar el presente inmediato, viviendo la propia interpretación del genuino Carpe Diem. Pero ahora, desde fuera, uno se da cuenta de la magnitud de este deporte y el análisis cambia. Observas las consecuencias de los ritmos, de sus modificaciones, de las interferencias, de las paradas, de las referencias que llegan de otros corredores, de los resultados que van obteniendo; eres capaz de anticipar consecuencias y de suponer posibilidades al progreso general de la carrera de esta locura. Imbuirme en estos pensamientos suponen una  buena terapia. Es curativo para mí volver a sentir la admiración por esta modalidad de ciclismo y por la Race Across America. Sentirme dentro desde fuera me enorgullece. Tener la ocasión de volver a sentir respeto por las distancias es también positivo. Quizás yo había perdido ya el miedo, había despegado los pies del suelo y deformado la perspectiva adecuada. Me preguntaba si esta situación no era una nueva oportunidad para mejorar, para reflexionar y concretar aspectos en los que se había fallado. Era evidente: comenzaba a recuperarme.

La oportunidad tenía un nombre: dos mil diez. Verbalizar esta cifra fue el momento definitivo del despegue. El inicio de nuevos planes nos redimió a todos. La tensión daba paso así a nuevos y mejores pensamientos. El equipo comenzaba a sugerir mejoras y 2010 empezó a nombrarse con naturalidad, sin la carga del tabú en la que parecía verse envuelto durante las horas precedentes.  

Cuando finalicé la prueba en 2008 pude disfrutar durante varias semanas el éxito que había supuesto para mí terminar la carrera. La RAAM del 2009 se planificó más adelante y con serias dudas de querer volver a sufrir las dificultades que supone conseguir un presupuesto para competir. Pero este año no había nada que saborear, de modo que la RAAM  2010 estaba ya flotando en el ambiente. Todo el equipo, desde los fisioterapeutas hasta los conductores, aportaban sugerencias y opiniones, dando por hecho  estar en la línea de salida y dando por hecho que se afrontaría el esfuerzo de reunir el presupuesto, modificando todo aquello en lo que se había fallado. Miirando hacia adelante, forjando esa filosofía que es siempre inherente a nuestro modo de entender la competición y la vida misma. Desde su especialidad, cada uno de nosotros daba la versión para el cambio: la alimentación, la biomecánica, los ajustes del sueño, la dinámica del equipo, el diario de abordo, los turnos, la comunicación, el espíritu de lucha, la ropa, la revisión del ritmo de los contrincantes,el avituallamiento, el liderazgo del grupo y todo aquello susceptible de ser analizado para ser mejorado. 

Fijarnos con detalle en las técnicas de otros corredores, cuestionando o reafirmando las nuestras, tanto en la biomecánica como en la administración de la nutrición o el sistema de coordinación del equipo. Consultamos, analizamos y tratamos de extraer toda la información posible de cualquier componente de otros equipos que se ofrecía abierto a conversar. Obtener información basada en el contraste de experiencias es un aprendizaje valioso. Por algo tenemos bien aprendido que "la experiencia es la madre de la ciencia" y que en retos de este calibre cualquier referencia es un tratado digno de ser respetado.

La estancia en el hotel nos brindó esta posibilidad. Allí compartimos el tiempo de retirada con otros corredores que también se habían visto obligados a retirarse antes de lo previsto. Desde esta nueva ubicación seguíamos la prueba a través del ordenador de la recepción. Amanecíamos en la web intrigados por el emocionante desenlace entre Robic y Wyss.  La vinculación entre equipos se entendía en el hall del hotel gracias a un mismo idioma: el valor del esfuerzo.

Esto es lo que me atrae de este deporte: la complejidad que conlleva lograr que un cuerpo permanezca más de 9 días sobre la bicicleta, 22 horas al día, controlando todas las situaciones y dejando correr las millas, cercando cualquier imprevisto a la mínima posibilidad de aparecer. Un equipo coordinado, un físico que lo resista y unas técnicas que soporten, eso es la Race Across America; y este, el año en el que no he podido completarla, aún siento con más fuerza mi deseo de dominarla. Por eso, desde el mismo instante en el que fui consciente de mi retirada en carrera, sólo pensaba en tener delante mi cuaderno de viaje y llenarlo de nuevas ideas y cambios, con la vista puesta en la Race Across America del 2010. 

 A medida que pasaban los días, los corredores iban finalizando la carrera y llegando a nuestro mismo hotel. Los distinguía desde lejos: la espalda curvada, los labios agrietados, la piel quemada, hinchados los tobillos e inflamadas sus manos. Un año atrás yo era su vivo reflejo y en esta diferencia me hacía de nuevo consciente de la derrota. Me negaba a mi mismo. No quería estar entero, hubiera preferido sentirme roto y exhausto. Pero ahí estaba: desayunando envidia y tostadas con mantequilla. 

Para alejar el dramatismo el equipo ha decidido visitar New York. Mientras tanto, yo permanezco tranquilo en el hotel, optando por la soledad, a pesar de su insistencia en evadirme de la carrera y de su resultado. Pero mi forma de despejarme era simplemente dar paseos en bici por los alrededores de Annapolis, rehusando el turismo y la evasión, el ruido de la metrópolis y la ligereza de la responsabilidad que sentía en ese momento. No. No podía todavía olvidarme de la carrera. No es fácil minimizar los efectos de los preparativos previos de todo un año, del trabajo añadido, de la ilusión puesta en cada prueba y en cada entrenamiento. Mi pensamiento no podía modificarse de la noche a la mañana. Al menos yo no encontraba el interruptor de desconexión que permitiera liberarme inmediatamente de la crisis. Mi bici y yo. Solamente. Como casi siempre. Y mis apuntes, y mis planes. De nuevo, mis planes. No me rindo. No me doy por vencido. Mi carrera está resultando más dura de lo que esperaba.

Mientras tanto, y para nuestra admiración, Jure Robic seguía haciendo historia en la Race Across America, donde ha logrado la victoria en cuatro ocasiones. Jure Robic presume del mejor equipo, los mejores medios, la mejor capacidad y la mejor preparación gracias a su plena dedicación, envidia de quienes tenemos que moldear los días encajando los entrenamientos. Jure Robic aparece muy superior a cualquier corredor, Dani Wyss, Gerhard Gulewicz, Franz Preih, Marko Baloh, o este año el austriaco Gulewicz, quien declaró que lograría completar la carrera en 8 días y 16 horas, con lo que teniendo en cuenta los tiempos realizados por Jure en los últimos años, aspiraba a poner fin a la supremacía del esloveno, luciendo esta actitud con la palabra WINNER en su camiseta para la presentación de la carrera. También se presentaba como favorito su compatriota Marko y Dani Wyss, el suizo que logró derrotar a Jure en 2006, cuando después de 1.000Km de carrera Jure se vió obligado a retirarse por problemas físicos.

 

El duelo entre los mejores nos mantuvo atentos y vinculados con la prueba. Días más tarde podíamos leer en la web oficial de la RAAM esta crónica:

 

"En cabeza de carrera, y después de casi 3.000 millas y 8 días de carrera, dos hombres se debatían bajo un sol abrasador. Liderando la misma y a 12 horas del corredor más cercano, Jure Robic, de 43 años de Slovenia y el suizo Dani Wyss, de 39, ambos anteriores ganadores de la RAAM, luchaban por el más rápido segundo y tercer puesto de la historia de la RAAM. Pero cuando las ruedas pararon, solo un corredor llegó a meta y se convirtió en el ganador de la RAAM 2009.

Al proclamarse ganador Dani Wyss consiguió su segunda victoria dejando constancia de la velocidad más rápida en la historia de la RAAM (15,28 mph) habiendo recorrido desde Oceanside, California hasta Annapolis, Maryland en 8 días 5 horas y 45 minutos. Su destreza física y su fortaleza mental junto con una estrategia de carrera muy bien concebida y una tripulación unida dieron lugar a una de las mayores victorias de la RAAM.

 

El 4 veces ganador de la RAAM Jure Robic no terminó.

La RAAM siempre muestra los tremendos esfuerzos de los corredores y sus tripulaciones pero estos esfuerzos tienen un precio. Robic, que había acumulado 1 hora de penalización y que tenía que cumplirla al pasar por la Time Station 51 en Mt. Airy, Maryland, dejó perplejos a organizadores y fans abandonando la prueba. No conformes con algunas penalizaciones que según Robic y su tripulación deberían habérsele puesto a Dani Wyss, se convencieron de que Robic no tenía ninguna posibilidad de ganar. Las reglas y su cumplimiento se convirtieron en la prioridad absoluta para Robic y su tripulación y aunque él estaba a punto de realizar su RAAM más rápida, decidieron abandonar.

Por lo visto la tripulación de Robic intentó compensar las varias infracciones cometidas en la ruta, que le costaron a Robic 30 minutos de penalizaciones y tiempo adicional al tener que volver a la ruta correcta por un desvío equivocado. Decidieron gastar un tiempo valioso intentando convencer a los oficiales de que Wyss estaba infringiendo las normas. La tripulación proporcionó un video grabado por ellos en el que Wyss aparentemente estaba cometiendo una infracción en un semáforo en rojo. La cinta fue revisada por un oficial veterano de la RAAM y por las oficinas centrales de la RAAM y se determinó que fue un incidente no intencionado y se le puso una advertencia a Wyss. Un segundo video fue revisado por 3 oficiales de la RAAM (uno de ellos se dedica a revisar videos) y decidieron que el material no era concluyente.

Este año la RAAM ha tenido 12 equipos de oficiales a lo largo del recorrido para los 200 corredores, a veces dispersos a lo largo de 800 millas. Es prácticamente imposible vigilar a cada corredor en cada momento. Sin embargo, creemos que nuestros oficiales  hicieron un trabajo extraordinario de vigilancia y cumplimiento de las reglas de manera justa y clara.

Las reglas de la carrera de la RAAM se cumplen teniendo 3 objetivos en mente: 1) asegurar que la carrera se desarrolla de manera segura; 2) asegurar igualdad de condiciones; y 3) proteger la integridad de la carrera. Tanto durante como después de la carrera revisamos gran cantidad de información de todo tipo y estamos convencidos de que este año la carrera ha sido justa e imparcial"

Cuando la Race Across America fue definitivamente organizada con la idea de que varios corredores compitieran entre ellos por atravesar los Estados Unidos sin paradas y en el menor tiempo posible, el libro de normas no tenía más de cinco hojas. Año tras año, la competición se ha ido transformando y la experiencia de la organización les condujo a publicar un libro de más de 150 páginas donde la improvisación no existe, donde no queda en el aire ninguna posible acción que convierta la prueba en insegura, desigual o susceptible de alterar la imagen competitiva y de superación. Al libro de reglas acompaña un libro de ruta con mapas y texto codificado para tener una lectura rápida de la ruta por parte de la tripulación. Las normas también se clasifican por el tipo de competición (SOLO o por equipos)

Los Oficiales supervisan el cumplimiento de las normas de todos los corredores y de sus tripulaciones, así como el respeto a las normas de tráfico de los vehículos auxiliares  ya que su incumplimiento también es motivo de sanción que repercute en el tiempo final del corredor. Sin embargo los oficiales respetan enormemente a los corredores; ellos mismos  suelen ser ex-corredores o ex-tripulantes, por lo que conocen muy bien el esfuerzo que deben realizar. La mezcla de estos sentimientos se hace evidente y es posible que un oficial muestre una sanción a la vez que anima al corredor y a su tripulación a continuar aplaudiendo la gesta y su esfuerzo.

Las sanciones por incumplir las normas se pagan con tiempo que se acumula al tiempo empleado por el corredor en completar la prueba. Dichas sanciones deben pagarse en la penúltima Time Station (Punto de Control) permaneciendo allí el tiempo de sanción establecido durante la carrera; de esta forma los corredores llegarán a meta en el orden real de clasificación.

La Vuelta a CASA.

La vuelta solitaria, sin nada especial que mostrar, no tiene interés público, no tiene interés para los medios, perder tiene eso de especial. Mi preocupación más importante ahora son la pérdida de confianza de los patrocinadores, eso es lo que más dolor me produce, su apuesta por el proyecto americano inacabado y mi dependencia de ellos para continuar el próximo año. Ahora mi cabeza está llena de energía para idear formas para compensar su inversión y en este trabajo dedico las horas de vuelta a casa.

Resto de competiciones 2009

El 24 de julio estaba a Burgos -540Km Solidario) 

24 horas de Le Mans (22 de agosto). Hospital Le Mans

19 de Septiembre 24 horas sobre rodillo en feria de ciclismo, Festibike. Éxito

3 de Octubre, Camino de Santiago en el menor tiempo posible. Hospital Logroño

Toma de decisiones.

Supongo que si no cambias nada, difícilmente cambiará el resultado.

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